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Saturday, March 23, 2013

Del regreso




"Si, mi querida hija, ahora me acerco donde todo se cobija, ahi en las arenas, regadas con tus venas, tendré la recompensa de rosas y azucenas"  V.C.



Entré silenciosamente y a paso lento, las lágrimas llenaron mi ojos, mi respiración se aceleró y quedé paralizada en el umbral de la puerta.  El silencio reinaba en el pequeño recinto, el olor a humedad era penetrante. Apenas un rayo de luz iluminaba un sillón tapado con sábanas blancas, el cual yacía inerte, mirando el paso de los días.

-Las losetas resquebrajadas, reflejaban aún la belleza que tuvieran algún día, en algún tiempo pasado. En la parte lateral izquierda bajo una pequeña columna yacía "el escritorio", apenas en pie, sostenido por unas patas roídas por el tiempo y la polilla. En el centro yacía el tintero, estaba seco, la capa negra de la que en algún momento fuera tinta, reflejaba el paso de los años, y al fondo del tintero cementado, estaba la pluma.  

-Lloré mucho, no recuerdo cuanto, aún no lo recuerdo. No sé si lloré por la letras nunca escritas o por el poeta que no podía ya escribirlas. Lo único que recuerdo es que lloré, si, lloré mucho aquel día que regresé a la casa de mi niñez.  

- Sabía que tenía que regresar y enfrentar mis recuerdos, mi hogar, mi semilla. Llegar hasta el fondo y rescatar esa memoria que cubren las paredes de mi ser. Esa memoria que con los años es evasiva, se esconde y da paso a recuerdos vagos e impalpables. Esa memoria que como hojas de otoño vuelan lejos de su árbol, pérdidas en el tiempo.

-Hoy, una a una, recogí las hojas de mi memoria, llenas de colores y música, hoy recordé mucho. Hoy el árbol está de fiesta, las hojas lo rodean y yo...sólo recuerdo que lloré mucho. 

-Lentamente caminé al jardín, ahí junto al Manzano, estaba todavía la banca donde él, muchas veces me parada a declamar y...un nudo ahoga mis recuerdos. 

Miro al cielo y la luna temerosa parece sonreír -Noche triste déjame que vuele allá en tus estrellas, y que sumida en un remanso llegue hasta mi padre y le cante poesía.

-De repente escuché unos pasos lentos, y me levanté...

-La figura pequeña de una mujer de mediana edad me dice ¿Srta. Puedo ayudarla?

¿Ayudarme? Pensé, quien puede calmar este dolor profundo y silencioso que me quema el alma. 

-¡Gracias, ya me voy! Respondí y a paso acelerado cogí el tintero, lo metí a mi bolsa, di una rápida mirada al diván y salí. 

Anochecía y el olor de mar me acariciaba, cómplice de mis recuerdos, las olas susurraban en mis oídos la "Canción de los arpegios", el viento me dejaba desnuda, expuesta al hermoso paisaje que el correr de los años, había perdonado. ¡Ah!  Cuantos recuerdos hermosos he revivido en pocos minutos. 

La muerte de mi padre me marcó para siempre y dejé de escribir, hoy estos recuerdos me atoran, me sofocan, y tengo que sacarlos, empedrar mi camino con ellos, danzar con ellos y vivir con ellos.  Hoy el tintero soltará a la pluma para que baile y cante.
Pero, hoy lloré mucho, si mucho lloré hoy...¡hoy lloré a mi padre!  

Berke